Si he de referirme a suicidas, pienso en Silvia Plath, quien se mató después de una agonía cual muerte en vida. Deprimida y solitaria. O pienso en Gilles Deleuze que se lanzó por la ventana de su departamento en París, como acto último de una existencia plena de expansiones en lo que él llamara rizomas. O sino allí está en la memoria afectiva, Paul Lafargue, notable sindicalista y Laura Marx, mujer dedicada a los placeres de la lectura electiva, quienes se suicidaron juntos en un último acto compartido. La carta que PL deja rechaza la decrepitud y explica que debido a ello, él y Laura se iban en una autoeliminación voluntaria.
Hay suicidios perpetrados para evitar la muerte a manos de crápulas sanguinarios, como lo fue el de Walter Benjamin. Otros dotando a sus suicidios de un enorme miedo a confrontar juicios por deudas y cárcel. Es decir, el suicidio como reducto final para acabar con una desesperación copadora. O el suicidio como epílogo de una depresión arraigada, interiorizada hasta lo más profundo. Rutas que van a ninguna parte.
Podríamos conversar sin fin sobre el suicidio y si alguna vez se ha pensado en la posibilidad de acometerlo, aquí entre cibernautas, por mi parte, creo que que mientras tengas el cuerpo vivo y tus principales facultades perceptivas operativas, las posibilidades de supremos goces no se acaban. Jorge Luis Borges, ciego y anciano creó hasta dónde le fue posible.
O sino pensemos en vidas marcadas por desgracias inusitadas. El azar como crueldad imprevisible. Accidentes. Muertes violentas. Y los seres cercanos que han de confrontar la soledad distinta a la soledad cotidiana, ¿acaso no se verían tentados a desaparecer? sin otras subjetividades potenciadoras, la vida puede ser una mierda insoportable.
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Imagínense en otra ribera, los suicidios por una moda de psicosis colectiva, como sucedió entre los adolescentes en Japón.
De pronto en las sociedades hipoerindustrializadas, los que hace poco fueron niños se estrellan sobre el pavimentodesde un octavo piso, en cuestión de minutos, o se lanzan a los rieles para ser arrolados por un tren, por algo que se veía venir como un huracán. La moda de la muerte en masa.
No hay oveja negra allí, todos se matan, todos están de acuerdo, todos piensan igual. A todos ellos nada les resultó más atractivo que la muerte, porque sí, porque tal vez no había nada en sus vidas que los emocionara realmente, sino la posibilidad del fin pero todo en un arranque, en un impulso tanático sellado por una siniestra frivolidad.
Y el que al final se arrepiente, ya no tiene salida. De todos modos estallarán sus sesos. Juró leatad al club de los suicidas.
¿Se imaginan escuchando por todos lados que está de moda matarse?
Recuerdo un episodio de la notable serie televisiva Inspector Morse, donde u chico le dice a la compungida amiga de una suicida, que cada uno puede hacer lo que quiere con su cuerpo. Claro, que eso no es siempre cierto. En aquel episodio lo ilustran: una chica de 15 años se suicida porque al estar drogada sentía que ya conocía todo lo sublime y que luego de ello, nada valía la pena. Era hora de morir.
La simpleza de un razonamiento inducido por la euforia de una droga. Lo excelso en sensaciones engañosas. El placer hipnótico al que se le permite no deje espacio para nada más.
La posibilidad de vivir mucho más tiempo, de verse con la fisonomía cambiada, muchos con la belleza de la juventud perdida, (a menos que la cosmética vía cirugía plástica proporcione una impresión de falsa lozanía) se torna interesante, reveladora, abierta, sólo si uno aprendió después de desaprender lo que nos enseñaron en los dogmas.
¿Qué opinan ustedes?
Desde mi experiencia, sabiendo que la red globaliza y a la vez puede convertir a los individuos en adictos a las banalidades cibernéticas, encuentro en el blogueo y la lectura de blogs, un rico universo donde explayarse y nutrirse de vida. Toda una apertura a perspectivas de la creación en diversos campos.
Comenzando por citar una acción: el simple movimiento de ubicar una canción que no encontrabas en las tiendas de discos. Una canción puede darte lo que necesitabas. Retroalimentación. El cybermundo como zona libre.
He aquí un cover de Resistiré, un tema de los rockers El dúo dinámico. La banda peruana Mar de Copas lo canta. Con ella, las infinitas gracias por darle vida a puerto asterix con vuestras lecturas y comentarios. ¡Carpe Diem!.
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Entre otros referentes, leí un valioso ensayo sobre el suicidio, antes de escribir este post. Si les interesa esta prolija aproximación, aquí la tienen.






