8.5.08

Suicidarse, vivir, renacer

¿Quién no ha atravesado situaciones límites?. Aún en la muchas veces idealizada infancia, han habido momentos de terror y angustia que quizás ya hemos olvidado. Y en pleno estado de existencia que no se ahoga en conflictos o angustias extremas, hay umbrales en los que uno se queda atascado hasta que algo, una señal, una paradoja, una sacudida te saca de ese estado crítico. Así que esa máquina deseante que es el cuerpo humano se erige en un campo de batalla o en una especie de estratosféra brumosa. O en un extraño oasis donde hay algo que puede llamarse felicidad. Cierta armonía reina en ese oasis ( inevitablemente recuerdo al cananeo Eleafar, cómo no).

Si he de referirme a suicidas, pienso en Silvia Plath, quien se mató después de una agonía cual muerte en vida. Deprimida y solitaria. O pienso en Gilles Deleuze que se lanzó por la ventana de su departamento en París, como acto último de una existencia plena de expansiones en lo que él llamara rizomas. O sino allí está en la memoria afectiva, Paul Lafargue, notable sindicalista y Laura Marx, mujer dedicada a los placeres de la lectura electiva, quienes se suicidaron juntos en un último acto compartido. La carta que PL deja rechaza la decrepitud y explica que debido a ello, él y Laura se iban en una autoeliminación voluntaria.

Hay suicidios perpetrados para evitar la muerte a manos de crápulas sanguinarios, como lo fue el de Walter Benjamin. Otros dotando a sus suicidios de un enorme miedo a confrontar juicios por deudas y cárcel. Es decir, el suicidio como reducto final para acabar con una desesperación copadora. O el suicidio como epílogo de una depresión arraigada, interiorizada hasta lo más profundo. Rutas que van a ninguna parte.

Podríamos conversar sin fin sobre el suicidio y si alguna vez se ha pensado en la posibilidad de acometerlo, aquí entre cibernautas, por mi parte, creo que que mientras tengas el cuerpo vivo y tus principales facultades perceptivas operativas, las posibilidades de supremos goces no se acaban. Jorge Luis Borges, ciego y anciano creó hasta dónde le fue posible.
O sino pensemos en vidas marcadas por desgracias inusitadas. El azar como crueldad imprevisible. Accidentes. Muertes violentas. Y los seres cercanos que han de confrontar la soledad distinta a la soledad cotidiana, ¿acaso no se verían tentados a desaparecer? sin otras subjetividades potenciadoras, la vida puede ser una mierda insoportable.

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Imagínense en otra ribera, los suicidios por una moda de psicosis colectiva, como sucedió entre los adolescentes en Japón.

De pronto en las sociedades hipoerindustrializadas, los que hace poco fueron niños se estrellan sobre el pavimentodesde un octavo piso, en cuestión de minutos, o se lanzan a los rieles para ser arrolados por un tren, por algo que se veía venir como un huracán. La moda de la muerte en masa.
No hay oveja negra allí, todos se matan, todos están de acuerdo, todos piensan igual. A todos ellos nada les resultó más atractivo que la muerte, porque sí, porque tal vez no había nada en sus vidas que los emocionara realmente, sino la posibilidad del fin pero todo en un arranque, en un impulso tanático sellado por una siniestra frivolidad.
Y el que al final se arrepiente, ya no tiene salida. De todos modos estallarán sus sesos. Juró leatad al club de los suicidas.

¿Se imaginan escuchando por todos lados que está de moda matarse?




*


Recuerdo un episodio de la notable serie televisiva Inspector Morse, donde u chico le dice a la compungida amiga de una suicida, que cada uno puede hacer lo que quiere con su cuerpo. Claro, que eso no es siempre cierto. En aquel episodio lo ilustran: una chica de 15 años se suicida porque al estar drogada sentía que ya conocía todo lo sublime y que luego de ello, nada valía la pena. Era hora de morir.
La simpleza de un razonamiento inducido por la euforia de una droga. Lo excelso en sensaciones engañosas. El placer hipnótico al que se le permite no deje espacio para nada más.


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La posibilidad de vivir mucho más tiempo, de verse con la fisonomía cambiada, muchos con la belleza de la juventud perdida, (a menos que la cosmética vía cirugía plástica proporcione una impresión de falsa lozanía) se torna interesante, reveladora, abierta, sólo si uno aprendió después de desaprender lo que nos enseñaron en los dogmas.
¿Qué opinan ustedes?


Desde mi experiencia, sabiendo que la red globaliza y a la vez puede convertir a los individuos en adictos a las banalidades cibernéticas, encuentro en el blogueo y la lectura de blogs, un rico universo donde explayarse y nutrirse de vida. Toda una apertura a perspectivas de la creación en diversos campos.
Comenzando por citar una acción: el simple movimiento de ubicar una canción que no encontrabas en las tiendas de discos. Una canción puede darte lo que necesitabas. Retroalimentación. El cybermundo como zona libre.

He aquí un cover de Resistiré, un tema de los rockers El dúo dinámico. La banda peruana Mar de Copas lo canta. Con ella, las infinitas gracias por darle vida a puerto asterix con vuestras lecturas y comentarios. ¡Carpe Diem!.







Nota.-
Entre otros referentes, leí un valioso ensayo sobre el suicidio, antes de escribir este post. Si les interesa esta prolija aproximación,
aquí la tienen.

12 comentarios:

Margot dijo...

Me da la sensación de que existen tantas muertes, formas de morir, como vidas... el suicidio es una más y probablemente lo que nos choca es su caracter individual y elegido. En cualquier caso sobre él emitiré los mismos juicios que sobre las formas de vivir: los menos posibles.

Y con respecto a una elección personal... de momento y hasta nueva orden me apasiona la vida. Viva la vidilla! ou yeah!

Un beso, Vir.

Ludovico dijo...

Morir?? Prefiero vivir en paz, y si un dia quiero morir, hacerlos como Alfonsina.

Rain (Virginia M.T.) dijo...

Margot, hola.

El otros día conversaba con unos amigos sobre un episodio de la notable serie televisiva, inspector morse. Creo que así ya fui madurando este post que es el que sabía antes, sería éste.

El chico le dice a la dolida amiga de una muchacha suicida que no siguiera llorando, porque ella había sabido qué hacer con su cuerpo. Porque "cada uno hace con su cuerpo lo que quiere". Y no era así porque la chica de 15 años había experimentado con una vulgar droga. Nada de ritos chamánicos. Niet.
Ella había alucinado haber visto todo lo más elevadamente sublime y que ya no había nasa más profundo luego de eso. Estaba exaltada y se suicida de pronto. En un impulso.

Tras de eso, había una red de traficantes, y un experimentador científico inescrupuloso.

O el caso de los adolescentes suicidas en Japón. Hay un film basado en esos sucesos.
Hay como una emoción amorfa, de grandes segmentos juveniles que no pasan privaciones de orden económico. Algo que crece y aterroriza en una sociedad con confort.
No intento emitir juicios moralistas. No creo que haya que ver al suicidio como una decisión libre y personal en todos, todos los casos. Aparecen otras motivaciones, y ahora mismo pienso en los emos. En que antes de juzgar a rajatabla habría que considerar hasta qué punto nuestras sociedades jodea su juventud, porque no a todos les basta con el hiperconsumismo o la fiebre por ser los más más....

Un abraxo y hasta pronto.





*




Ludovico, esperemos morir en paz. Imagino que Paul Lafargue y Laura Marx se fueron juntos, viejitos, unidos, tranquilos.


El mar.

Abraxo.

SALUSTIANA dijo...

El suicidio es un tema peliagudo. Durante mucho tiempo tuve acceso a información sobre ese tema. Hay un elevado número de suicidas en todas las sociedades desarrolladas, sobre todo en la adoelscencia, pero esa información no trasciende porque está comprobado que un suicidio anima a otros suicidas a imitar ese comportamiento. Lo cierto es que quien toma ese camino es porque su sufrimiento y su angustia existencial es tan grande que no conciben otra salida. Es muy difícil poder medir el dolor y la angustia de una persona puesto que no es algo cuantificable. No hace mucho un señor se lanzó por la ventana y cayó detrás de mi despacho, justo debajo de mi ventana- Era un tipo normal, aparentemente feliz, supongo que se cansó de la vida que llevaba o ya no tenía sentido para él. Es terrible que alguien quiera acabar con su vida. Eso es señal de que no encuentran ninguna razón para continuar. Esperemos que cada vez haya menos personas así. Un saludo

almalé dijo...

un petit cadeau: su primer EP del año 1981

http://www.zshare.net/download/41360992990916/

Hoy día una joya de coleccionista

Ana Estu dijo...

A veces la tristeza se vuelve una enfermedad incurable y el suicidio es como una eutanasia. A veces no.

un beso y larga vida.

Ángel Pecker dijo...

Quién, en algún momento de su vida, no ha divagado con la idea del suicidio. Personajes como los que citas son referentes ineludibles que lo llevaron hasta sus últimas consecuencias. Camus, en su Mito de Sísifo, también revisó el tema con una agilidad impresionante, a mi ententer. En cualquier caso, marcas la diferencia con el broche final del post: ¡resistiré!
¡Un fuerte abrazo!

vdg dijo...

Hola vir,
gracias por la visita.
sigo en el mismo lugar, solo que estoy sin palabras.
recordé esta película cuando lei tu post:"last life in the universe" de pen-ek ratanaruang. la has visto?

un abrazo,
cuál es tu mail activo?

vdg

Felipe dijo...

En esta sociedad caníbal, no me extraña que haya tantos suicidios.
Muy buen blog este.

Saludos

Alberto dijo...

Virginia, hola. Mucho tiempo después respondo a un comentario que dejaste en un blog que yo tenía: lo mejor de Ánima dispersa está recogido ya en Las Historias. Y la lucha sigue (ejem), por el momento, en este sitio de exilio. Salud y suerte. Que todo vaya bien.

Rain (Virginia M.T.) dijo...

¡Salutes a todoooos! :)
Querida VDg, por favor disculpa a esta bloguista que se demora en desembarcar.
Tengo una serie de correos desactualizados, cierto. por aquí te dejo el movilemusica@gmail.com

Abraxos.

Grax Alberto, actualizaré el link de Las Historias. Para ti asimismo buenaventura en todos tus proyectos. Yeeeh.

Profundistas dijo...

Un paradigma para los suicidas:

http://profundismo.blogspot.com/2008/06/paradigma-para-un-suicida.html