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Suele criticarse a "las americanadas hollywodenses", por su facilismo para generar emociones en el espectador. A propósito de ello, pensé en lo que el cine en general nos da, cómo nos llena los imaginarios de escenas, personajes, gestos, ideas.
¿Quién no tiene una o más películas emblemáticas como especies de guías?
Si eres muy joven, probablemente aún desconoces lo mejor del cine y te dejas deslumbrar por filmes que son pálidos remakes de las verdaderas gemas fílmicas.
Quien escribe aquí, se considera alguien que sino ve cine, un largo lapso, experimenta un vacío en su vida.
(Así que se cuenta con los dvd's en casa, una alternativa que no desplaza al cine, sino que lo complementa)
Por ello, anoche hice unos apuntes sobre un film que mientras veía nuevamente, me emocionaba más allá de su registro visual y su violencia, por lo que a una le marca, entrando a formar parte de la individualidad, el mundo interior, lo que uno es.
Anoche sopesé las miradas diferentes, algunas trágicas como en "Oldboy", film fundamental de Park Chan-Wook, y otras plenas de cierta alegría constante como en "kill Bill" I y II, de Quentin Tarantino.
El chiquillo Tarantino se la pasaba viendo series televisivas y videos. Sólo que no se quedaba en el rol básico de espectador, sino que poco a poco, por su cabeza se iban procesando ideas, proyecciones para hacer algo propio. Con una vitalidad digna de los más radicales imaginistas, Tarantino, se lanzó a observar las movidas en los estudios fílmicos y de allí persistiría su capacidad para hacer cine, con un sello personal.
En las películas de Tarantino hay tragedias, y sin embargo a lo largo de cada película, hay una fuerza anímica permanente, combinada con la banda sonora que él ha elegido. Temas que armonizan con los personajes, totalmente. Recordemos "Pulp Fiction", con la escena del notable baile entre John Travolta y Uma Thurman.
Llegamos a "Kill Bill" I y II, cuyo tema central es la venganza, que una guerrera asume sin vacilaciones.
Madre-guerrera: le han arrebatado a su hija, después de masacrarla, cuando áun estaba embarazada, dejándola en estado de coma, durante cuatro años.
La venganza es terrible cuando se corrompe hasta lo más profundo si pierde el sentido de su origen, es lo que le dice el Hacedor de gloriosas espadas a Beatriz Kiddo, la novia vengadora.
Los motivos que han llevado a Kill Bill, asesino inteligente, son de un delirio visceral: sus celos no tienen límite e imagina una traición para la que no hay clemencia.
En las dos películas, la idea de la venganza es poderosa y absorbe una energía multiplicadora.
El propósito de la novia vengadora se alimenta de su indeclinable motivación: quienes la arrojaron a la soledad de una fugitiva, quitándole a su bebé, no tienen perdón.
Ella puede luchar contra asesinos, matará a sus despojadores, y llegará al final al asesino mayor, quien fuera su mentor y amante.
La alegría de su venganza es innegable. Después de albergar el horror y unas lágrimas inevitables, hay una compensación suprema, porque en el caso de Beatriz Kiddo, su leiv motiv está vivo.
La fuerza del cine
La vida no es lineal. Es variada y puede serlo aún más si te sacudes de los venenos acomodados en diferentes modalidades. Creas tu propia vacuna, y sigues andando.
Creo que siempre entendieron por el lado decadente a los punks: no hay futuro, mas no porque todo esté absolutamente perdido, sino porque el futuro es hoy.
¿Qué predicamento, podría dar yo, alguien que no tiene absolutos en la vida ni es una ciudadana ejemplar?
Sólo quería decir que la fuerza del cine, me ha nutrido en lo mejor de mí, en un cruce con la lectura de un libro, en las vivencias del día a día, en las dudas y los aciertos.
Ustedes son mis destinatarios. He escrito este post con la idea de expresarles a ustedes lo que pienso. Este post está enteramente dedicado a ustedes.
Nosotros hacemos la blogósfera
A través de los anteriores posts, me la pasé agradeciendo la existencia de la blogósfera. Lo que hice, fue expresar lo que veo como la tónica de los blogs personales.
¡Ah, me dije, anoche!, nosotros somos los que generamos la movida blogosférica. Hacemos que se muevan los capitales, ya que cada portal necesita que lo movilicen, porque los movimientos bursátiles, Microsofft, los programas de Software, todo, todo necesita de nosotros. Porque Don Google se hace fuerte por nosotros, que cada día frente a nuestros monitores lo dinamizamos, haciendo la blogósfera. Navegando en la red, el cybermundo existe.
¿Cómo podríamos evitar que la blogósfera se convierta en la panacea de los intereses de poderosos grupos.? Me hice esa pregunta. Y la formulo aquí.
Acaso, sí lo personal sale de la parcela localizada. No digo que nos volvamos militantes políticos, necesariamente. Solamente creo que este reducto cybernauta es importante y que hay que encontrar las maneras de mantener la libertad que tenemos, escribiendo.
Delinear salidas concretas, no sé. Ustedes, probablemente tienen otras luces, otras ideas, y es posible que conjuntamente, salga algo potente, algo viable.
Yo, sólo estoy en el camino, escribo, leo, escucho, sigo.