27.6.06

Oh, la estridencia

El silencio tiene acción y el más cuerdo es el más delirante.
Ch. García.

Antes de ver a Doria y comenzar un largo día, dónde veré a sus hermanitos partir al colegio con sus loncheras mientras Al ya se fue a estudiar con su mochila roja y sus trabajo de fideos pegados en un cartón negro. Antes, decía, una sensación a caída profunda me hizo caminar como si en cada paso se me fuera la vida por pedacitos fracturados y me enojé conmigo misma


trac me di un jalón en la oreja izquierda (mi oreja con arete doble)

y prendí la radio del puerto, para escuchar a El Columpio asesino con 'La muerte del trompetista', la primera canción de las más de 80 que hay y sonreí.



Amaba las escaleras, y cierta vez lo comenté en el blog de Diego. Hace unos días las detesté, subiendo hasta un sexto piso por el ascensor malogrado y con un hambre naciente haciendo to toc en el estómago.

Escaleras iluminadas por ventanales de edificio modernísimo. Escaleras de la imaginación. Un gato que asoma.

Un gato que no está.


Escaleras, escaleras.


Ah, y la 'estridencia' de El Columpio asesino me salvó, como ahora, como ayer, como hace tiempo.

Esa estridencia que combino con los sonidos serenos de una meditación a solas.

Tomando un mate, saboreando un pay de limón, aceptando que lo hermoso se va y vuelve y que
algún día yo también seré un recuerdo.

Un recuerdo
un recuerdo
un recuerdo.

3 comentarios:

Tzarel dijo...

Aproximadamente a los 11 años, me separé de los ruidos extremos de las calles con sus bocinazos y de esos días de orquestas contratadas que filtraban sus espectáculos con altoparlantes. Hice mis votos de musicología empírica, el preámbulo de una dedicación ininterrumpida para oír los sonidos del planeta, de África a los linderos de las ciudades de nieve, allí donde nació Björk.

Abrí una casa en la blogósfera y allí vivo con mi discman asomando a las bitácoras, buscando música, descubriendo la de las palabras en las notas del pentagrama y en mi cabeza.

Me separé de la mundana tontería.

:)

Rain dijo...

Ah, en mi cotidiano ritmo encuentro ruidos aquí y allá.

Hay ruidos anímicos, u otros que son tiernos, en realidad son sonidos, como los de Doria, que emite suavemente o a veces refunfuña si quiere algo, y es algo tan tierno, que diría son los sonidos más lindos, sólo que existe la música estructurada y allí es donde una se vuelca, con hallazgos o reafirmaciones. Sí, es
un sustento, realmente lo es.


A veces con una canción una puede escribir y escribir, la canción es el soundtrack de lo que una escribe, y una sale de lo que podría ser desilusión, (vaya necedad, siempre hay desilusión...)

y una sigue...

IGGIX dijo...

ja, a mi me parecen graciosamente tiernos y a la vez extraños esos bichos q se la pasan de perfectos parias a esa edad, totalmente gratuitos, donados a la vida y cebados para convertirse luego, en angeles o demonios recorriendo las bifurcaciones de aquellos senderos q les brindara la vida
abraZos virgin