26.6.06

Perder a papá

Hace poco los blogs estaban llenos de posts sobre el día del padre.
Yo no escribí especialmente para mi padre ni para ningún padre.
Extrañé en silencio a papá. Hice la rayuela en mi habitación y salté para arrancarme una sonrisa, una chiquita sonrisa y plaf, giré sobre mí misma y me vi absurda, una mamá con flores de papel en las manos y el silencio de la noche, mientras mi niño dormía.
La parca es un andrógino que ríe oculto en los silencios y en el latido nocturno del corazón.
En el día, la parca baila y nos mira desde su esquina, solitaria y altiva.
La parca siempre está cerca.
Hoy supe que murió el padre de mi amigo Roberto Zucco.
Me entristecí. Suelo entristecerme si alguien que quiero sufre. Porque soy madre, he aprendido a ponerme recia cuando alguien siente un gran dolor, porque si yo también lloro, mis lágrimas harán más profundo el duelo de aquel que acompaño.
Es que cuando eres madre, aprendes a hacer lo que antes creías no podrías hacer.
Y me escondo, escribo algunas líneas, manejo bicicleta, bebo un poco de vino, y me escondo otra vez.
Los duelos son circunstancias abrumadoras.
Todo es bruma, todo hiere y la música también hiere con su belleza descarnada.
Y todo se desdibuja, se trastorna, cayendo el cerebro sobre el corazón en el gesto desolado.
Ah, papá, papá....
Y el abrazo, las palabras y la sonrisa desaparecen. Sólo hay fotografías, alguna canción suprema, un detalle, siempre algún detalle y la ropa de papá en su cama, el sombrero elegante y los ternos, los libros y las tarjetas, y los recibos por sus compras, ah, las cuentas pagadas, el tiempo pagado, el amor insomne.
El padre de Roberto Zucco era un hombre recto, como los que ya casi no hay.
Mi padre era un hombre bueno, de discreto actuar, con sus ojitos luminosos, y erguido andar.
Papá, el mío, papá, el tuyo y la soledad de lo postrero. Eso que algún día vendrá a jalarnos hacia otro tiempo, infinito, sin más destino ni canción suprema.
Y como si la película existencial se hubiera interrumpido, de pronto vuelve y los sonidos de su soundtrack se escuchan en la noche que grita en medio de los silencios.
Ah, es que el film continúa y estamos vivos, Roberto, estamos vivos.

12 comentarios:

Rain dijo...

Acabo de enviar un comentario sobre cafés y me olvidé de todo...

tal vez por el tiempo


tal vez por la lejanía


ah, es que es cierto, el film continúa.

i dijo...

Llego a casa y le doy un disgusto a mi viejo. Le interrumpo el sueño, y mi madre sigue dormida en el sueño de los justos.

Leo tu post y me doy la vuelta. Dejo un beso en la frente de papá.
Él se da cuenta y sonríe.





Gracias.

chocoadicta dijo...

Debe ser extremadamente doloroso perder a una padre, tan unida como estoy al mío sería algo así como si me arrancaran parte del alma... pero como tú dices estáis vivos y ellos en vuestros recuerdos...
Escribiste con el corazón, se nota...

Carlos el hormigo dijo...

Vivo a más de mil kilómetros de mi padre. Hoy me llamó y hablamos unos minutos. Creo que no quería nada, sólo saber de mí. Pronto pasaré unos días con él y con mi madre. Pensaré en este post cuando esté con ellos.

digler dijo...

claro que continua, pero hay que ver la falta que hace escuchar una voz que se extraña

Isaac dijo...

el post rezuma emoción, profunda, intensísima y vital, hay que reconocerlo.

No tuve a un padre al lado, ni siquiera para perderlo, pero creo que puedo tratar de comprender la emoción que describes, al final, la escena sigue, estás aquí, algo irremplazable se ha perdido, ese es el guión, esa es la lección (si es que hay alguna)

melytta dijo...

Ah, Vir...
El domingo mis padres hucieron 43 años de casados. Tener ese referente me hace creer, aunque yo ya no pueda vivir algo así.
La fe. quisiera tener una pequeña porción de la que tenía cuando era una niña y podría volver a creer en tantas cosas...
Tu post me ha tocado muy hondo, ya sabes que mi padre no está bien. Me desvelo y paseo por la casa escuchando la respiración de mis hijos, algo que me devuelva la tranquilidad. Estoy inquieta, triste, preocupada. Sabré estar a la altura de la pérdida. Tengo miedo al dolor a esa ausencia para siempre presente.
Quiero que no se me olviden las palabras de mi hijo Pablo hablando del cielo que es nuestro corazón y allí van las personas que nunca olvidaremos y al infierno las que olvidamos.
Quiero tener siempre la sonrisa de mi padre.
Este verano pasaré unos días con ellos. Tengo algo que preguntarle, aunque sé su respuesta y algo para darle aunque sé que ya lo tiene.
Mil besos, Vir, se nota en todo que eres madre.
Sky.

Fuego Negro dijo...

los finales suelen ser ,casi siempre,un mal trago.

las fotos en sepia,los recuerdos y esta asquerosa sensacion de que a esta altura ,un,debe a empezar a dudar de su propia inmortalidad

salud y mas que suerte

Ce pequeño dijo...

Yo también quise escribir un comentario sobre lo que permanece y lo que se va.

Queda claro qué se queda.

Y lo que nunca puede irse por más que ya no esté.

Eso lo sé.

Un afectueso saludo y un abrazo que permanece mi querida Vir.

Kaco dijo...

"y la soledad de lo postrero", eso me quedó retumbando en el cerebro, muy lindo Vir&

Rain dijo...

Y a mí me han quedado unas preguntas que de alguna manera resolveré escribiendo...


Y es que cada comentario de este post me resulta como guías: hey, gracias a todos.

Roberto Zucco dijo...

No había leido este post. Te lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Roberto.