28.9.06

Cierta solemnidad colada en los chicos serios

Si una vivió su pubertad y adolescencia en una ruptura consciente de estructuras de vida, lo que vendrá después es el largo desarrollo de un epílogo prolongado. Todos los conocimientos, vivencias, contradiciciones epistemologías conquistadas, e inclusive ciertas consumaciones, todo eso queda con sedimentos, formas, nieblas imaginarias, iluminaciones, rastros.

La mayor traición es la que uno se hace a símismo, en pos de obligaciones impostergables. Vamos, como decir: tengo hijos y no puedo darme el lujo de ser lo que quiero. Eso, como extremo argumento para justificar la inercia para hacer lo que siempre uno quiso hacer. Materializar sino íntegramente, parte de lo soñado. O decir: "a medias, no vale".

Sí, sí vale.
Nada lineal , ostentoso o a priori, heroico.

Caso personal: el blog me ha llevado a explorar mi interioridad.
La bitácora como dadora de vitalidad. Es que a mí, la vitalidad se me estaba automatizando, como si fuera una máquina con sentimientos. Algo parecido al
personaje de la pela "El hombre bicentenario" o el niño de la otra pela, "Inteligencia artificial", el pequeño robot con figura humana. Ambos personajes, con sentimientos, máquinas programadas para satisfacer las necesidades emocionales y pragmáticas de sus futuros dueños.
La cuestión existencial estaba allí en mi médula, en el día a día, mas me faltaba una constante dionisíaca, un plus imprescindible, algo que pusiera entre la espada y la pared la linealidad de mis días. Es decir, que en cada día había un suceso indistinto, acometido por amor a las secuelas rayuelianas, y por el espíritu Dadá que era como una tabla de salvación.
He allí el conflicto: necesitaba una tabla de salvación. Una especie de recurso que en vez de ser liberador, se tornaba desesperado. También hay que considerar que al iniciarme a escribir este blog, no me trazé metas. Las metas me harían dudar de mi franqueza y simultáneamente, tampoco se trataba de esquematizar la sinceridad y ponerle candados; niet, era algo radicalmente diferente. Escribía porque había comenzado a hacerlo en un sereno gesto. Ese punto de partida fue lo que ahora me dice mucho.

Al principio creía en el cuento de los días armónicos logrados por algún motor
del deseo (parafraseando el título de un libro del poeta Verástegui) que funcionaba en base a subjetividades desatadas en un cien por ciento. Ese fue el error: demasiada subjetividad me tumbó e inoculó algo de seriedad a la praxis de aquellos días.

Definitivamente esa seriedad no tenía nada que ver con la solemnidad colada en los chicos serios. Que los hay presentados como chicos nada solemnes. Una sola declaración les quita el ropaje y plaaaf, el desnudo aparece con la caracha a la vista. Si se es miope, medio que la caracha parece un conjunto de lunarcillos, mas no es así.
Los beat sabían de esos chicos, que en su momento, los veían como absolutos vagos, inconformes payasos de una sociedad como la estadounidense a la que
había que cuidar de los "farsantes malandrines de la literatura. Entre esa oleada, William Burroughs solía ser insultado, estigmatizado, y claro, se le prohibió la circulación de su hijo, el libro "El almuerzo desnudo".
Aquí en Lima, por ejemplo, hay calles vistas de soslayo, o despectivamente sin atenuantes. No es que sean calles habitadas por narcotraficantes u otra especie de delincuentes. Niet, son calles donde en los fines de semanas, chicos con ropas negras, de cuero, jeans, cabellos rojos, guitarras, mochilas, se sientan en los bordes de las veredas y conversan, algunos beben, otros solamente escuchan y conversan. Son como una fauna dentro de otras faunas, grupos juveniles laberínticos. No hay Boulevares de pizzas, no hay pasajes con luces de neón, sólo hay postes de luz y las paredes están pintadas con murales, los bares son lugares que convocan una familiaridad contagiante, donde las noches se tornan
expansivas, con una bohemia transformada, ultraurbana. Son las calles del centro de Lima.

Mirar por encima del hombro al otro, es el acto espontáneo del individuo prepotente, canallesco en el solazamiento de su presunta superioridad. Hay una base que sostiene ese gesto,


(que Diógenes de Sinope, a quien se atribuye la inspiración cínica, que retorcidamente, se convertiría en el grito de los poderosos, pasando por los nazis, quienes nunca se arrepintieron de sus crímenes, ya que para ellos eran procesos de purificación impostergable, pues que Diógenes sea involucrado, es una de esas injusticias extremas)

la fusión de un sin fin de odios resumidos en el racismo, sin duda
ese odio está tan arraigado que decir que um individuo que toda su vida se ha educado en ese desprecio, ha cambiado en unos meses, es la muestra de una buena fé /ingenuidad, porque se quiere creer lo increíble, o por un candor que no es ni siquiera naif.

La solemnidad se cuela por la seriedad de los chicos inteligentes y alegres que ven por encima del hombro a otros chicos, a otras miradas. El típico argumento es la denigración: se apela a la condena. La ebriedad consuetudinaria, una vagancia que se contrapone a la decencia, el talento venido a menos, la relación politik con corrientes subversivas/peligrosas, y de allí la lista censora es larga, se repotencia a la máxima multiplicación, una perpetua condena.
Los chicos serios pueden ser alegres en sus esferas, lejos de los chicos indecentes. Los chicos serios pueden beber en exceso dentro de sus perímetros y drogarse con elegancia en los ámbitos privados, donde alguien pedirá auxilio y nadie le oirá.
El neopanóptico, aprobado por sus prisioneros.
Foucault encontraría material de estudio si viviera, paseándose por la ciudad, hallando su cuerpo colapsado, que anda como una máquina desorientada, conteniendo en sí, toda la controversia de una alteridad que lo dispersa. Como un cuerpo roto, dentro de una máquina que contiene su escatología y sus delirios. Alucinante.
Porque te imaginas, que cada cuerpo reunido en conjunto con otros hace el CUERPO de la ciudad. Así que ese Cuerpo es un monstruo y solamente el estar en una máquina, lo preserva en su caótica materialidad.

La solemnidad, que se ha atribuído a la gente pasadista, está en un chico con ideas esquemáticas dentro de la parafernalia de su modernidad plagiada y de sus influencias intelectuales básicas o sofisticadas en la veta ridícula, cuya esencia pasa por maravillosa: la distinción en marcha.

¿No te parece el sumun del ridículo, pasar por sofisticado cuando todas las apariencias te asfixian? O es que llega el momento en que vives como si llevaras
una máscara invisible de oxígeno y te acostumbraras, quieres ser diferente y no te queda más que ser ese alguien que ves en la televisión, como una muñeca que siempre ríe, una muñeca, sobretodo una muñeca.



Sobre el neopanóptico en el que los prisioneros no quieren escapar, otro día escribiré: un detonador mental y tiempo, es lo que necesito.
Chao.

6 comentarios:

Tzarel dijo...

Tenía un tío, que insultaba con todas sus fuerzas a la gente de los suburbios, cuando por vía obligada pasaba con el auto por allí. Lo detestaba y él se daba cuenta. Olía la rabia.
Un día me dijo: "sino aprendes a despreciar a la chusma, mo serás un
......" (allí iba nuestro
apellido), luego me hablaba de escudos heráldicos y demás alardes que me tenían harto. Murió hecho un resto de hombre. No fui a verlo.

Tzarel dijo...

Rain, lo más cercano a una isla experimemntal de sociedad diferente, sería una en la que los individuos se alimenten excelentemente, estudien lo que les gusta a fondo. Una sociedad en la que todos se mezclen, donde los coitos se realizen sin distinción de color de piel. Propiciar eso, desde el momento en que se ha captado que el pensamiento cerrado
ha muerto.
Ja, no es imposible, pero de aqui ¿a cuántos siglos?

Rain dijo...

Es que esos vejetes con la aristocracia rancia mental/corporal sobreviven, mas son sobrepasados por la opulencia de los que son llamados "los nuevos ricos".
La expresión "se blanquean" resulta de lo más significativa para el caso. Con dinero se compra el ser como un blanco. Plaaaf.
En el colegio, le decían a una chica que venía de una provincia, que era una falsa blanca y se burlaban de su acento serrano.
Las rubitas formaban un grupo lindo, miraban por encima del hombro a las chicas que no eran rubitas. Y así...

Lo de mezclarse todos, ya se hizo desde la colonia, mas a costa de violaciones, saqueos, vasallaje. Luego, comienza la vaina: se ve a los invasores como superiores con distancia, y sucede que se puede escuchar ahora en pleno siglo XX, que no hay nada como estar con alguien blanco.
El colmo.
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Cuando estuve lejos , una de las parejas amigas que tuve, era la de un finlandés con una mulata, ambos con una mentalidad abierta. Eran fabulosos. Ah, "eran", niet,
espero que sean en presente "fabulosos", o qué será de ellos. Sea cómo fuere, eran fabulosos.

:)

Rain dijo...

Bueno, en el Quimera, me mandé un post enredado sobre personajes y ahora sí tengo imsonnio, así que escribiré...

mirantra dijo...

Es increíble como todo de lo que hablas está arraigado en este continente latinoamericano. Es como si las antiguas relaciones sociales rurales se trasladasen intactas a las ciudades y a todos los derivados de la modernidad. Por lo menos por acá, todo lo blanco es lo ideal. Y lo negro, a veces. Lo mestizo ni hablar.
Es triste, pero al cabo cotidiano, y lo cotidiano suele traicionarnos en su constante inercia que se repite, se repite, hasta que no logramos diferenciar nada.

Rain dijo...

Mirantra, gracias por seguir la conversa.
Es la gran vaina reiterativa, sí.
M de estructuras mentales heredadas, que cuando las cuestionas, aún te queda algo, así que se persiste y de pronto, uno se averguenza de que alguna vez pudiera remotamente estar en ese conglomerado de dislates, todo un entramado de retrógadas creencias.

Gran salutes,
en el Quimera, ando con los mates... aunque se supone que allí se bebe aperitivos, ja.