2.8.06

En las nubes

Le decía a Doria que la he soñado en las nubes, castaña y rosada, con su vestido más lindo.

Le decía a mi alter ego que he estado en las nubes un tiempo, figuradamente, con la maquínica alterada por los sentimientos mezclados y las razones disparadas como el pop corn que se expande pla plaf en la olla, algo así, una tontería, una evasión irreflexiva.

Mas no es justo, hay tanto por hacer, y en estos instantes el arroz se ha quemado ligeramente.
Escribo y entretanto del tercer piso llegan las canciones más horrendas, unas baladas que hablan de extrañar y morirse de amoooor, ¿qué es eso?

Tengo una pátina brillante en la cabeza por la idea cruzada, por cierta luz que sé es temporal, como una luciérnaga que ha nacido e ilumina el jardín de un niño malhumorado.

Ah, mas miro a mi lado y veo a mi niño. Él es bien humorado. Lleva una rayuela en la mente y no lo sabe.

En el umbral de la puerta, aparece el viejo Emile. Sí, ya sé, suelo pensar en él. Tal vez demasiado. Me provoca hablar de él y quien no se aburre de eso, anda lejos, quizás está almorzando con su adoración, y en fin, esa es la vida, los que caminan con sus spleens humanos, son unos cuantos afortunados. Y yo no soy simpática, soy y nada más, lo que soy. Una mujer de la ciudad más convulsa, ah, mas tengo mi pátina, palabras, un hijo, prix nocturno cuando nadie me mira.

Me habría gustado mirar directamente a Milena, el amor de Franz Kafka. Ser su amiga, caminar por las calles de Praga con la luz tenue de los faroles.

¿Pensaron cuando eran adolescentes en que mejor hubiera sido no haber nacido?
Si en esa etapa hubiera leído al viejo Emile, habría encontrado alguna manera de desaparecer, mas nunca habría pensado en tirarme bajo el tren. Esas circunstancias me recordarían a Anna Karenina. Tan violenta muerte no me atraía ni cuando tenía 14 años.

Mucha gente se espanta al ver sus sucios corazones.
Mejor es la ternura, dicen.

La ternura, la ternura, sí, yo tambien creo que es mejor.
Después de lo que escribió Lautreámont, poco se puede decir. Las novelas sin casuística, Los detectives salvajes, La invención de la soledad, Las ciudades invisibles.

Deseaba en todo este tiempo tener amigas, sí, sobretodo amigas. Pertenezco a una generación de gente que escapó del país cuando todo hervía y la sangre se veía cotidianamente por las calles.

Eso se relaciona a lo de las amigas, en que las mujeres suelen ser más interesantes en general, cuando son abiertas y sinceras. Y encontrar en la blogósfera, mujeres inteligentes es sencillo.
K es la prueba, una de ellas. La que suelo recordar cuando veo ese disco de la Banda, donde Woody Allen toca el clarinete.

Ahora se me pasó por la cabeza, cerrar la ventana de comentarios. Es decir, escribir como si las palabras se perdieran en el vacío. Como si fuera una astronauta que lanza sus escritos al espacio, para que algún arcángel loco que pase por allí los lea, y en vez de encontrar mis palabras en una botella, las encontraría en un estuche aterciopelado. Desde un monitor gigante, yo vería al arcángel y sacaría mi mano cubierta por un guante diciéndole hola, porque habría un mecanismo para evitar que la gravedad del espacio me arrastre. Futuro imaginado, con super naves espaciales y astronautas mujeres con discman diseñados especialmente para el viaje intergaláctico.

Mas todo es porque vuelvo a estar en las nubes por un momento.

En verdad la mayor parte del tiempo estoy en el espacio terrenal. Veo a la gente, mastico uns galletas saladas, tomo un jugo, corro hacia el bus, cocino, leo, me toco la boca, miro las musarañas, escribo. Mi hijo suele mirarme, ya se sabe que los niños miran a la gente como si quiseran encontrales lunares o alguna cicatriz rara, que les habla de aventuras peligrosas.

Podría estar en las nubes con mi alter ego, mas no quiero. Ya no quiero nada extraordinario. Lo maravilloso sucede simplemente, no se inventa.
Soy desagradable

para algunos no lo soy, ya lo sé

pasa el tiempo.


El bólido tiempo pasa mientras los sonidos de la vida hacen rin, tan, pron, clac, plaaf, merde, ah, sí, el tiempo pasa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

quiero subirme
a las nubes para ver
pasar el tiempo

KuruPicho dijo...

asterix, te debo respuesto en el mail, ahora estoy acá para decirte ke tu idea es genial (la de cerrar la ventana de comentarios), pero los que solemos recalar en este puerto ¿dónde iríamos? Además ese solipcismo, incluso autismo y el espíritu monologal que traspiran muchos blogs es bastante repulsivo...Pero la idea de lanzar frases a la nada...Saludos amiga.

Rain dijo...

Kurupicho, me gusta encontrar respuestas, comentarios, réplicas, sin embargo también queda la idea del libro abierto.


Salutes :)

rain dijo...

Sería lo más hermoso: subir a lo más alto de las nubes...


en el techo del mundo, eh.


Nubes, nubes, cómo quisiera yo estar ahora en las nubes.