12.12.05

Orégano, mate uruguayo y la lírica personal


Cuando probé por primera vez el aguita de orégano caliente para calmar los dolores de la menstruación grité y creí que no la tomaría nunca más. Quién diría al verme y oírme que amaría el orégano, aparte de saborearlo en la pizzas, que como raramente; y de echarla al guiso de quesillos a la primavera.
Lo que sucede es que me enamoré de un uruguayo. Fue un amor platónico que culminó en un casto beso, con mate de por medio, mate en su pocillo especial de madera con bronce, con aquella boquilla especial para tomarlo. Y después de eso, adopté la aguita de orégano, para calmar los dolores del ciclo menstrual. Antes, sí, tomaba por severa indicación familiar, el orégano en infusión que detestaba, lejos de imaginar ni en broma que un día amaría su amargo sabor, esa sensación de estar bebiendo un antídoto de los tiempos de la Edad Media.

Y evocar aquel suceso me trae la escena en retrolux,
sí, retrolux en escena otra vez,
es decir, en este caso, a las transformaciones del ánimo, el amor y la lírica existencial.

Sí, soy un caso, ya lo sé. Qué quieren que diga, me voy por los vericuetos de la imaginación, porque retrolux es algo así como la reconcentración de la luz en x sonidos y luces. Por eso digo que la escena en retrolux vuelve. Sólo que sin nostalgia, porque no extraño a aquel uruguayo, sino que extraño la sensación de aquella dicha, el sublime sabor amargo del mate en ese pocillo labrado en sus bordes y ese retumbar del corazón chiquillo en su clímax: eso, retrolux ido y nada más.

Y ahora que la madrugada nace, y que escucho a la Jazz Band de Woody Allen, algo de ese blanco y negro expresionista me llena y sólo atino a decirme: fue hace tiempo y aunque esencialmente soy la misma, ahora el tiempo se comió aquella sensación y sólo el aguita de orégano renueva la escena y por eso suelo beberla como si fuera aquel mate, y es un hábito tan natural, como el cariño que cada día siento por las cosas que me apasionan y que me hacen ser yo.

Foto tomada de Google. Mate uruguayo.

5 comentarios:

Rain dijo...

El mate en esos pocillos que aquí en Perú, vemos como mates burilados -preciosos-, en Uruguay, por ejemplo adquieren significaciones hermosas en esos pocillos tan cuidados, que van desde los más rústicos hasta los más finos. Y los rústicos, no por ser eso, rústicos, carecen de belleza . Es que son finos en su rusticidad.

:)

Xavier Poicón dijo...

Me haces recordar a un Horacio Oliveira, quejumbroso por un París mezquino en hierbas para su alicaído mate. Rayuela-jazz-mate-madrugada... Hay cosas q no sólo existen por sus fines prácticos, sino como un artefacto para la evocación.

Rain dijo...

Y la maga contemplándolo
y Talita caminando a tientas
y los piolines

y, y...

:) espero soñar con la rayuela y que salto en ella mientras suena 'El blues del esclavo'.


:)

Alma dijo...

Dos cosas: leiste las definiciones de lo del pomelo y tal??? y sobre este post:
A mí no me hacen nada para el dolor de la regla, por eso tube q ir all ginecólogo;)
Cu´diate, besos y un big abra:
Alma;) (F)

Rain dijo...

Alma, claro que léi tus superexplicaciones, mi querida cheff.

Y te agradecí, y vuelvo a agradecer tu natural fineza... :)

¿sabes? sí, cuando duele mucho, de hecho no hay más salida...

Ahora soy la que te dice que te cuides...
Abracillo.