He estado afinando mis oídos en esta pausa en el puerto. Sigo escribiendo a la manera de un guión para un film x.
Ustedes leen sucesivamente noticias sobre el racismo. Hay encuestas sobre éste, en las cuales la gente contesta (y claro, todos somos la gente, incluídos nosotros, el Presidente del Perú, Thom Yorke, el panadero, tu mamá) que sí, consideran que hay un gran porcentaje de racismo, y cuando llega la pregunta sobre uno, si se considera racista, se contesta que no. Es decir, los racistas existen, sólo que no somos nosotros. Están en todas partes y no, no somos nosotros los racistas.
A mí me inquietó leer hace un tiempo este post con un video bastante ilustrativo sobre lo que he expresado: en el blog de Yani.
A la par el escándalo generado por la actitud de la congresista Marta Hildebrandt que tuvo entre varias respuestas, ésta que particularmente me interesa.
Recuerdo virulentos ataques( en los blogs), por ejemplo a las movidas circunscritas en las calles de killka, céntricas del corazón de Lima. Porque en estas calles no están, (se supone que no están) los universitarios, la gente bienpensante y demás paradigmas andantes de la joven intelectualidad). Y normal, nadie asume que en estas actitudes hay un despotismo, porque tienen sus atenuantes, operando en poses de apertura mental.
No se habla de los fans del reggeton, que trasero a trasero se fascinan con sus sintomáticas canciones (¿canciones?) que oyen a todo volúmen en esquinas de barrios sin que les interese alterar el ambiente con el choque decibeles/vida.
En fin, seamos libres, seámoslo siempre.
Y no. Algo apesta y no es precisamente, el delincuente que huye luego de robar un bolso con el salario de un jubilado cuasi centenario.
Ustedes leen sucesivamente noticias sobre el racismo. Hay encuestas sobre éste, en las cuales la gente contesta (y claro, todos somos la gente, incluídos nosotros, el Presidente del Perú, Thom Yorke, el panadero, tu mamá) que sí, consideran que hay un gran porcentaje de racismo, y cuando llega la pregunta sobre uno, si se considera racista, se contesta que no. Es decir, los racistas existen, sólo que no somos nosotros. Están en todas partes y no, no somos nosotros los racistas.
A mí me inquietó leer hace un tiempo este post con un video bastante ilustrativo sobre lo que he expresado: en el blog de Yani.
A la par el escándalo generado por la actitud de la congresista Marta Hildebrandt que tuvo entre varias respuestas, ésta que particularmente me interesa.
Recuerdo virulentos ataques( en los blogs), por ejemplo a las movidas circunscritas en las calles de killka, céntricas del corazón de Lima. Porque en estas calles no están, (se supone que no están) los universitarios, la gente bienpensante y demás paradigmas andantes de la joven intelectualidad). Y normal, nadie asume que en estas actitudes hay un despotismo, porque tienen sus atenuantes, operando en poses de apertura mental.
No se habla de los fans del reggeton, que trasero a trasero se fascinan con sus sintomáticas canciones (¿canciones?) que oyen a todo volúmen en esquinas de barrios sin que les interese alterar el ambiente con el choque decibeles/vida.
En fin, seamos libres, seámoslo siempre.
Y no. Algo apesta y no es precisamente, el delincuente que huye luego de robar un bolso con el salario de un jubilado cuasi centenario.
*
Me decía Doña Fide que a G le gustaría vivir en la época de los beatles, cuando habían ideales y la juventud era soñadora. Así que pensé en en cómo en esos tiempos, se sabe que al principio, los padres les decían a sus hijos que la movida de estos pelucones era peligrosa. Luego cederían por la seducción musical. Y llegarían los Rolling Stones, los chicos malos, los fabulosos chicos malos de esos tiempos, hoy redivivos e indoblegables.
Y cuarenta años antes, el jazz era visto con desprecio. El racismo estaba implícito en esa subestimación de lo que pasando el tiempo, sería una selecta expresión musical. Irónico.
Hoy se desafina sin verguenza y hasta se premia en grandes eventos internacionales a músicos (¿músicos?) por canciones (¿canciones?)con rattings masivos y es el despelote. Todo está desencajado y musicalmente hay también bastante estrechez. Sólo que paradójicamente la estrechez triunfa. Aparentemente. Y ya sabemos que las apariencias engañan.
*
Imagino a G, enamorado de Hey Jude.
Me gustan las élites que se amplian hasta transformarse en bloques compactos de inmensas energías: llámense movidas disidentes que propugnan grandes aventuras musicales, mentales, físicas. Un pensador puede desatar una movida a través de encuentros, charlas, movidas, debates, etc.
¿Qué tal ustedes? ¿tienen algún ideal? ¿tienen paradigmas?
Agradeciendo sus vistas constantes a este puerto, que por ello continúa vital, les dedico esta canción. Y que la música nos dé vida: carpe diem. Por siempre.
Imagen tomada de Google.
Me gustan las élites que se amplian hasta transformarse en bloques compactos de inmensas energías: llámense movidas disidentes que propugnan grandes aventuras musicales, mentales, físicas. Un pensador puede desatar una movida a través de encuentros, charlas, movidas, debates, etc.
¿Qué tal ustedes? ¿tienen algún ideal? ¿tienen paradigmas?
Agradeciendo sus vistas constantes a este puerto, que por ello continúa vital, les dedico esta canción. Y que la música nos dé vida: carpe diem. Por siempre.
Imagen tomada de Google.


